El cambio de analista me obligó a buscar un nuevo lugar para mi preterapia; luego de recorrer un poco el barrio, opté por pasar los minutos previos a mis encuentros con Eugenia en un bar ubicado sobre Marcelo T. Es un espacio pequeño, con pocas mesas, y una camarera diligente. El café es bueno, no así los tostados de jamón y queso de pan negro. Una pena.
Eugenia abre la puerta del consultorio y me saluda
- Hola Martín.
Paso, y me acomodo en el sillón negro, con las piernas cruzadas y levemente inclinado hacia atrás. Ella ocupa su silla enfrente de mí, y la sesión comienza.
Hablo, y  mi discurso intenta acorralar al impostor, ese otro Martín que procura sabotear  mi vida. ¿Quién es ese otro yo? ¿de dónde viene?, me pregunto.
Hago una pausa en mi relato, trato de acomodar mis ideas como hace un rato lo hice yo en el sillón, respiro, paso la palma de mi mano por sobre mis ojos,  y lo primero que veo cuando mis ojos quedan nuevamente al descubierto,  son los pechos grandes y firmes de Eugenia. 
He perdido completamente el hilo del relato. Bajo mi mirada, recuerdo el comentario de Joaquín, y entiendo que debo elegir. Me pongo de pie mientras Eugenia me mira sorprendida, y le digo 
- Disculpame Eugenia, pero no puedo seguir.
- ¿Pero qué pasó, Martín? venías tan bien...
- Eugenia, voy a ser claro: sos demasiado atractiva para ser mi terapeuta. Y en estos momentos, lo que necesito desesperadamente es resolver mis problemas, alivianar mi carga, poner foco ahí...
Callo. Ella se pone de pie, se acerca y dándome un abrazo me dice:
-  Me alegra que tengas eso claro, Martín. Vas a estar bien.
Mientras me abraza siento su respiración, y el suave roce de sus pechos contra mi cuerpo, y apelo a toda mi voluntad para no besarla y hacer de esto un completo desastre.  Nos despedimos.
Camino unas cuadras por Santa Fe buscando Plaza San Martín, son casi las ocho, y me muevo entre la gente que regresa apurada de trabajar.
Hacer cosas para estar bien, es empezar a estar bien, me dijo Juan en nuestro encuentro pasado. Creo en eso, y sé que voy a estar bien. 

9 bonus tracks:

Anónimo dijo...

bien, martín. uno no puede estar mirándole las piernas y las tetas a la analista. eso no hace bien. hay cosas con las que se jode y cosas con las que no. eso lo tenemos claro.

Anónimo dijo...

igual creo que deberías haberle partido la boca!!

gatica

Anónimo dijo...

ojo, eh, coincido con gatica.

joaquín

Loon dijo...

Gatica! que grande!

Anónimo dijo...

Más te vale, si rajé por tu culpa!

Martín

Matías Mugione dijo...

Y... cuál es el número de esa terapeuta? jaja

Flowers dijo...

¡¡Eugenia es una histérica!!

¡¿Luego de tal declaración no tiene mejor idea que abrazar a Martín diciéndole que hizo bien en tomar esa determinación, pero sin olvidarse de rozarlo con sus pechos antes de que se vaya?!

Perraaaa...

Anónimo dijo...

¿Pero cómo? ¿vos decis que me rozó a propósito?

Martín

Flowers dijo...

Ay, Martín. Es adorable que seas tan ingenuo ;)
Estás como para que una te ponga en la mesita de luz.

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